La violencia de la Araucanía es Terrorismo

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En la denominada Macro-Zona de Conflicto Indígena, es decir, en las regiones de La Araucanía, Bío Bío y Los Ríos; sistemáticamente se producen ataques incendiarios como medio de lucha para la obtención de territorio y autonomía política, por parte de la Coordinadora Arauco Malleco y grupos afines, quienes planifican y ejecutan los atentados, ya sea al amparo de la oscuridad de la noche o como emboscadas, combinándolos con enfrentamientos con la policía y con ocupaciones ilegales de predios rurales.

A partir de lo anterior, se ha generado una discusión en la sociedad chilena respecto a si esos hechos de violencia constituyen “terrorismo”. Concretamente, no se pone en duda la existencia de las acciones violentas sino específicamente si corresponde o no ser calificadas como terroristas. En dicha disputa el gobierno ha tomado partido por la opción “no”.

En este dilema, la mayor dificultad es que no existe una definición de terrorismo, única y aceptada universalmente; muy por el contrario, son múltiples definiciones que subrayan o enfatizan uno u otro factor presente en el fenómeno terrorista, las cuales han sido elaboradas por académicos, gobiernos, ejércitos y organismos internacionales; por tanto, la falta de consenso posibilita que un mismo fenómeno de violencia, según el prisma de donde se le mire, pueda o no ser catalogado como terrorismo. Por otra parte, la experiencia internacional demuestra que la conveniencia política hace que muchas veces el concepto sea utilizado para menoscabar a la oposición política, como también, a la inversa, catalogar de “luchadores sociales” a quienes emplean la violencia terrorista; según los intereses y/o prisma ideológico del observador.

Dicho lo anterior, emplearemos una definición general de terrorismo, porque finalmente lo medular es el concepto y la caracterización que de ello deriva, a fin de realizar un contraste objetivo con los hechos de violencia de la zona de conflicto indígena.

Para establecer una definición general, y luego de analizar las existentes sobre la base de la experiencia internacional, se puede entender el terrorismo como una táctica, consistente en la ejecución sistemática de actos de violencia con fines políticos, religiosos o ideológicos; para influir sobre una audiencia.

A partir de la definición, lo primero que debemos comprender es que se trata de una táctica, es decir, es un método o procedimiento que se utiliza para alcanzar un objetivo, preferentemente político, vale decir, el método terrorista es la ejecución planificada de actos de violencia, como camino escogido para alcanzar los resultados, como pudiese ser -en el caso específico del terrorismo mapuche- la liberación de un pueblo supuestamente oprimido. La elección de esta táctica dice relación con una posición asimétrica respecto a un poder superior, dado que, por ejemplo, la Coordinadora Arauco Malleco no dispone de los medios para enfrentar militarmente o a través de la táctica guerrillera al Estado de Chile.

La violencia como elemento central de esta táctica es premeditada y dosificadamente aplicada, en forma de actos de violencia que se repiten, ya sea como atentados con explosivos, ataques con armas de fuego u otros, como también atentados incendiarios (tal como los perpetrados en la zona de La Araucanía). Como se ha señalado, en materia de conceptualizar el terrorismo no existen absolutos, y en este sentido es relativo que exclusivamente se trate de hechos sistemáticos, pues también se ha sostenido que podría darse un único atentado pero con motivaciones políticas para considerarse terrorismo, aún cuando no se cumpla con la condición de secuencial. Cualquiera sea el enfoque que se considere respecto a este punto, resulta evidente que los hechos de la denominada zona de conflicto cumplen la condición para rotularlos como terrorismo.

En cuanto a las motivaciones para usar este método de lucha encubierta, tomando  caso de La Araucanía, a diferencia de lo que muchas personas pudiesen pensar en cuanto a que la violencia se desarrolla únicamente en pos de obtención de predios agrícolas, es decir la recuperación de hectáreas de tierra invocando derechos ancestrales, la lucha violentista también persigue fines de trascendencia histórica: La liberación Nacional del Pueblo Mapuche, con su autonomía política y control territorial. Cabe aclarar que, en lo que específicamente a las tierras se refiere, los étno-nacionalistas aspiran a un territorio propio en el cual, según su propio discurso, reconstruir la Nación Mapuche.

Normalmente se observa confusión en cuanto a la categorización de terrorismo sobre la base de los mecanismos de violencia, en orden a suponer que toda expresión de terrorismo, para ser considerada tal, necesariamente debe incorporar atentados con explosivos, lo que encierra un equívoco, ya que el instrumento a usar no cobra relevancia, sino la motivación en cuanto a fines políticos e ideológicos. Un acto terrorista se ejecuta para generar propaganda respecto a una determinada causa, por tanto, atentados incendiarios concuerdan con el esquema planteado, sobre todo por tratarse de acciones planificadas y dirigidas a audiencias específicas.

Respecto a la dimensión de propagandística, los atentados incendiarios  buscan atraer la atención sobre su causa, intimidar a quienes consideran responsables de un permanente atropello al pueblo mapuche, el capitalismo, que se expresa mediante el Estado neoliberal, las empresas forestales y los agricultores.

Para ningún gobierno resulta cómodo admitir que existe terrorismo, ya que ello constituye un reto al poder y al orden establecido, ósea una mancha en su imagen de gobernabilidad, por tanto, es comprensible la principal razón que impide al Gobierno de Chile admitir que la violencia de la zona de La Araucanía (tres regiones) constituye terrorismo. Claro está que, en ese afán de negar el fenómeno, por razones de imagen e ideología, el gobierno ha llegado a límites irrisorios, por ejemplo, caratular esta expresión de terrorismo con rebuscados eufemismos como “violencia rural” o el hecho de presentar una querella judicial invocando la ley de conductas terroristas mientras públicamente señala “vamos a utilizar la herramienta de la ley antiterrorista, pero, esto no es terrorismo”.

Es necesario distinguir que, dentro del mundo mapuche sólo una minoría ha experimentado un proceso de radicalización violenta y asumido la táctica terrorista, no obstante, dicha minoría utilizando la violencia como medio de propaganda concita mayor atención respecto a la causa política que promueven, que es la liberación nacional.

En el sentido de lo anterior, estamos en presencia de una manifestación de terrorismo que cuenta con una organización clandestina (CAM), la cual dispone de cierta estructura organizativa, inspira atentados, realiza comunicados de prensa adjudicándose dichas acciones, y además, promueve públicamente el uso de la violencia con fines políticos.

En conclusión, sobre la base de una caracterización general, evidentemente se trata de una expresión de terrorismo, la cual constituye un reto en materia de Seguridad Pública.

 

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