Análisis del Terrorismo Etno-Nacionalista desde la Psicología Social

 

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La actividad terrorista es una táctica orientada a influenciar a determinadas audiencias, con fines políticos, por lo cual se debe situar su análisis en una esfera distinta a la de la psicología, ya que se trata de una estrategia de influencia sociopolítica ejercida por grupos, aún cuando estos sean minoritarios, es recomendable poner especial atención a su dimensión grupal y organizacional. En este sentido, para analizar el fenómeno de la violencia política asociada a la causa mapuche entre las regiones del Bío Bío y Los Ríos es sumamente interesante el trabajo de los académicos De la Corte, Kruglanski, De Miguel, Sabucedo y Díaz, denominando “Siete principios psicosociales para explicar el terrorismo” que fue publicado el año 2007 en la revista española Psicothema, Vol. 19, nº 3. En este artículo los autores describen las bases para una aproximación psicosocial de análisis, definiendo siete principios explicativos que abordan su dimensión como estrategia de influencia, los factores ideológicos y sus aspectos organizacionales.

Estos principios generales son aplicables a expresiones de terrorismo de diverso sello, desde el Salafismo Yihadista hasta el practicado por grupos de la órbita del movimiento nacionalista mapuche. Estos últimos aspiran a la liberación del pueblo mapuche con autonomía política y control sobre un territorio, vale decir, ejercen violencia sobre la base de un sustrato ideológico que le otorga un sentido a su lucha. La aplicación sistemática de violencia, para alcanzar objetivos ideológicos, no obedece a que individuos con patologías psicológicas compulsiva e irracionalmente realizan ataques armados e incendiarios, sino de personas que se han radicalizado y adherido a un constructo ideológico que, mediante la asociación con otros individuos, llevan a cabo una planificada estrategia que conlleva dosificación de la violencia.

En el sentido de lo anterior, los principios psicosociales aplicados a la situación de la violencia política en el denominado conflicto mapuche son:

El terrorismo no debe ser conceptualizado como un síndrome (social o psicológico) sino como un método de influencia sociopolítica:

Los atentados incendiarios en la zona de La Araucanía no son el efecto de determinaciones sociales o psicológicas, sino como resultante de múltiples procesos de interacción social que tienen lugar tanto a nivel intergrupal e intragrupal, entendiendo que estos procesos de influencia se ejercen de manera deliberada y estratégica, para influir en audiencias como empresas forestales, agricultores y el Estado. El movimiento nacionalista mapuche recurre a la táctica terrorista, como mecanismo de influencia, ya que sus objetivos políticos autonómicos no concitan el respaldo de la gran mayoría de la sociedad y además carecen de los medios para concretarlos e imponer su voluntad, es decir, se encuentran en una posición de inferioridad, tanto para lograr la autonomía política del pueblo mapuche como también para erradicar la economía capitalista en el wallpamu. En concreto, los ataques incendiarios de Weichan Auka Mapu a templos religiosos (en tanto símbolos de dominación) son actos de propaganda respecto a sus objetivos políticos para dirigir la atención de sus audiencias y de la sociedad en general hacía sus demandas. Los atentados son comunicación y propaganda.

Los atributos de los terroristas están moldeados por procesos de interacción social:

El que un joven mapuche de la comuna de Ercilla pueda implicarse en actividades terroristas, militando por ejemplo en un ORT de la CAM, suele estar condicionado por la subcultura política en que fue socializado en el ámbito de las relaciones familiares, de amistad e instituciones de educación; siendo estos agentes sociales relevantes en la adscripción a ideas y pautas culturales, para la incorporación activa en la lucha de resistencia mapuche. Dicho de otro modo, la militancia en la CAM pudiese estar precedida por el ingreso a un hogar de estudiantes universitarios mapuches, como ambiente propicio para la radicalización violenta, donde el individuo a través de los lazos de amistad reafirma su identidad colectiva.

Las organizaciones terroristas pueden ser analizadas por analogía con otros movimientos sociales:

El sentido de identidad compartida es propio de cualquier tipo de movimiento, ya se político o religioso. En este caso, los individuos que integran el movimiento etnonacionalista en la zona de La Araucanía se autodefinen como miembros de un colectivo social mucho más amplio, al que consideran agraviado y cuyos intereses y valores se perciben amenazados- el pueblo mapuche como pueblo oprimido- injusticias que se esgrimen como argumentos justificadores de la violencia. En este sentido, Héctor Llaitul ha señalado que “un pueblo oprimido tiene derecho a la rebelión”. Paralelamente, la identificación con un colectivo de referencia hace más atractivo el ingreso a los ojos de los miembros de aquel colectivo (pueblo mapuche).

En contexto de este movimiento se generan dinámicas similares a las de otros movimientos que no practican la violencia, pues existe identidad, valores y pensamiento común entre sus integrantes.

El terrorismo sólo es posible cuando los terroristas y sus aliados logran acceder a ciertos recursos imprescindibles:

La capacidad operativa de un movimiento que emplea la táctica terrorista, entre otros factores, depende en gran medida de su capacidad para obtener o movilizar recursos, que les permita llevar a cabo su campaña terrorista, ya sean recursos económicos, materiales, humanos o simbólicos. En el caso mapuche, por tratarse de atentados incendiarios, no se requiere una logística particularmente sofisticada, sino muy por el contrario, los medios materiales utilizados son rudimentarios y por lo mismo fáciles de adquirir y almacenar, a diferencia de otras expresiones terroristas que utilizan explosivos; pero en este caso no es complejo adquirir armas de fuego ni menos combustible.

En materia de recursos humanos, los autonomistas han desarrollado estrategias de reclutamiento en entornos como centros educacionales y comunidades mapuches radicales, como también el uso de sitios web y redes sociales donde se difunde el mensaje nacionalista mapuche. Por la naturaleza de los ataques, el entrenamiento de los nuevos weychafes es acotado en lo técnico, pero con énfasis en el plano de lo simbólico-ideológico. Cabe precisar que, para la obtención de este importante recurso, es decir militantes, los incentivos no son materiales, sino que psicológicos y se asocian al sentido de propósito y de justicia.

Las decisiones que promueven y respaldan campañas terroristas responden a motivos colectivos ideologizados:

La ejecución planificada de atetados contra vehículos, infraestructura productiva e iglesias, se produce debido a la existencia de una ideología que le da sentido y justificación a esos medios de lucha ante los ojos de quienes los perpetran. Es así como el Nacionalismo de base étnica, aquel patriotismo de comunidad como referente identitario, que se construye sobre la base de una historia y cultura que comparte una etnia; constituye la ideología que impulsa a comuneros y estudiantes mapuches a usar la táctica terrorista, ya que mientras más extendida esté esta corriente de pensamiento en el colectivo de referencia aumenta la cantidad de personas que ingresarán a las agrupaciones violentistas, incrementándose el potencial de violencia.

Los actos y campañas terroristas responden a razones estratégicas, aunque la racionalidad con que los terroristas actúan es parcial y limitada:

En toda campaña terrorista existe planificación de las acciones violentas y tácticas para evitar el accionar de la policía, sin embargo, muchas de las previsiones y evaluaciones que los terroristas hacen sobre sus acciones no serían exactas, pues se dan factores que distorsionan su percepción de la realidad: emociones como deseos de venganza o la ideología, ocasionan que, por ejemplo vislumbren el éxito respecto a conseguir, mediante el uso de la violencia, autonomía política y territorio para un autogobierno del pueblo mapuche, cuya factibilidad es, por decir lo menos, discutible. Incluso, ver la realidad a través de los “anteojos” de la ideología hace que los terroristas subestimen el rechazo que generan sus atentados a iglesias en su colectivo de referencia.

La actividad de los terroristas refleja en parte las características internas de sus organizaciones:

La capacidad de los terroristas para mantener su campaña de ataques incendiarios también depende de las características de sus grupos, que a su vez forman parte de un difuso movimiento nacionalista. En este sentido, la actuación en red con cédulas inconexas, como lo son los órganos de Resistencia Territorial (ORT), permite que al caer una cédula, aún cuando ello signifique disminuir o anular la capacidad operativa en una localidad específica, quedan operativas las demás cédulas terroristas.

Otra dimensión a considerar es la dinámica interna del grupo, la vida en grupo, en términos del aislamiento social y psicológico que experimentan sus integrantes respecto a personas con puntos de vista ideológicos que no pertenecen al grupo, lo que implica, además de ver el mundo desde la etnicidad, la tácita distinción entre buenos y malos, como así mismo sentirse poseedor de una verdad            que involucra redimir a un pueblo oprimido, lo que en definitiva conlleva a un razonamiento sesgado como parte de aquel pensamiento grupal, proceso en que ejercen una poderosa influencia la figura del líder, al igual como ocurre en otro tipo de movimientos sociales y en organizaciones de distinta naturaleza.

En conclusión, analizar el fenómeno terrorista en general, como el que se desarrolla en el sur de Chile en particular, requiere no sólo centrar la atención en variables de tipo socio-estructural y psicológico, ya que son insuficientes para un adecuado análisis, sino recurrir a un enfoque psicosocial que posibilite una mejor comprensión de la violencia política; entendiendo que la interacción entre individuos y su manera de organizarse se relacionan directamente con su forma de operar en el contexto de las actividades encubiertas que desarrollan. Así mismo, el proceso de radicalización violenta, que es individual, también posee una dimensión grupal dada por la socialización y esquemas de pensamiento compartidos, impactan en la capacidad de reclutamiento y, en definitiva, en el potencial de violencia de este movimiento nacionalista.