La senda terrorista de la Coordinadora Arauco Malleco

CAM (2)

 

La Coordinadora Arauco Malleco tras adjudicarse el atentado en que fueron quemados 19 camiones, hecho ocurrido el 12 de marzo, ataque ejecutado por el Órgano de Resistencia Territorial (ORT) Wenteche-Catrileo; ha estado en el debate público sus métodos de lucha como también los fines de la organización, la cual plantea aspiraciones consistentes en autonomía política y un territorio propio para el pueblo mapuche.

El proceso de articulación del movimiento autonomista mapuche tiene su génesis en la década de los 90 respecto a fines políticos, y específicamente en 1997 cuando debuta el empleo de la táctica terrorista con un atentado incendiario contra camiones de propiedad de la Forestal Arauco en la comuna de Lumaco. Este proceso se ha desarrollado en forma gradual a lo largo de dos décadas, en cuanto a articulación de organizaciones, diseminación de postulados ideológicos y capacidad para sostener una campaña terrorista, que incluye captación de militantes, logística y apoyos internacionales.

Con el nacimiento de la década de 1990 surgen organizaciones mapuches, políticas y radicales, que con sus postulados y reivindicaciones, crearán las condiciones que posibilitarán el nacimiento de la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco Malleco (CAM) como organización anti-capitalista y autonomista, que planteará una “nueva forma de hacer política” sobre la base del terrorismo. En este sentido, fue el Consejo de Todas las Tierras quien primero esbozó el concepto de autodeterminación, y que luego la CAM lo tomaría dándole un rudimentario sustento ideológico para movilizar a comuneros y jóvenes mapuches cuyo resentimiento había sido heredado de generaciones anteriores.

Entre los principales antecedentes de la creación de la CAM se encuentra la fundación de la Coordinadora Territorial LafKenche en 1996, la cual se divide dos años después de su fundación a causa de la discusión entre sectores radicales y moderados en cuanto a la legitimidad y efectividad del uso de la violencia como medio para alcanzar los objetivos propuestos por la organización, por lo que surge la Identidad Territorial Lafkenche, como antecesora directa de la CAM, cuyo punto de inflexión es el mencionado ataque a camiones en Lumaco.

La irrupción de la CAM en lo que podríamos llamar movimiento político mapuche, transformó las protestas de reivindicación en la adopción de la violencia, incluso el terrorismo, como una herramienta con la cual luchar por un proyecto político nacionalista. A partir de su creación desarrolla un efectivo trabajo de diseminación de sus postulados, fomentando la radicalización violenta, y consiguiente reclutamiento, de numerosos comuneros y estudiantes, además de ejercer la representación de comunidades mapuches de su órbita, articuladas y radicalizadas.  En su ideario se mezcla un nacionalismo étnico con conceptualización de izquierda, como lo son el sentido anti-capitalista de la lucha, la formación de cuadros y la implícita noción de partido de vanguardia.

La CAM aspira a lo que denomina como la Reconstrucción del Pueblo Nación Mapuche, partir de lograr su autonomía política y territorial, vale decir, obtener un territorio propio para auto-gobernarse, sobre la base de una idealizada visión de la sociedad mapuche previo al proceso de Ocupación de La Araucanía, revalorando las dimensiones culturales propias de su identidad y recogiendo elementos de la forma de vida de los mapuches de antaño. En este sentido, la aspiración a un territorio con un estatus de autonomía política, con gobierno propio, lo que podría denominarse como un Estado Mapuche o Región Autonómica Mapuche es el objetivo principal, por lo que plantean su lucha como un proceso de Liberación Nacional.

Como un requisito esencial, para concretar esta utópica aspiración política, está la eliminación de las expresiones de la economía capitalista en el territorio mapuche, ya que lo consideran responsable del retroceso económico y político del pueblo mapuche, debido a lo que sería causante de la usurpación y deterioro en las tierras y aguas de las comunidades. En su visión, este deterioro será revertido con la reconstrucción del “mundo mapuche” como era antes la Ocupación de La Araucanía, época a la que consideran rica en términos económicos y políticos.

Para la CAM es el Estado el culpable de la violencia, pues consideran que invadió el Wallmapu y se lo entregó a la “elite que hoy está siendo confrontada”, intentando de esta manera traspasar la responsabilidad final de la violencia, la cual justifican como única alternativa para lograr restitución territorial, y para contrarrestar los procesos de inversión capitalista que estarían depredando territorios ancestrales. En este sentido, la Coordinadora pretende justificar el empleo del terrorismo a partir de lo que sería una condición de pueblo oprimido.

Como es de suponer, para la CAM sus postulados y objetivos políticos representan las aspiraciones del pueblo mapuche, por tanto, la organización pretende ser una vanguardia de revolucionarios que liberará a su pueblo para construir esa sociedad ideal, la que encarnará los más altos valores asociados a la identidad mapuche. Cabe precisar que, en cuanto a proyecto político, no identifica un modelo económico al cual se aspira, ni tampoco las características del sistema de gobierno que se instaurará tras el advenimiento de la autonomía política. Estos aspectos, de fundamental importancia, no han sido explicitados.

En su historia la organización ha sufrido reveses, como ocurrió a inicios de la década del 2000 cuando experimenta un gran debilitamiento operativo a consecuencia de la acción judicial y policial que impulsa el gobierno, lo que genera el encarcelamiento de varios de sus militantes y dirigentes, lo que lo obliga a la organización a operar en una suerte de clandestinidad o semi-clandestinidad.

Pese a lo anterior, la CAM ha logrado sobrevivir por casi dos décadas, no obstante, ha sido incapaz de erguirse como la conducción del movimiento radical mapuche, el cual se caracteriza por su atomización y por contar con diversos actores, incluso, se ha generado pugnas o rivalidades con otros orgánicas que también aspiran a la conducción del sector radical del movimiento político mapuche.

En el plano operativo, en la actualidad la ejecución de los atentados es realizada por células independientes que funcionan con autonomía, denominados Órganos de Resistencia Territorial (ORT), quienes planifican y efectúan selección de blancos, sobre la base de directrices y orientaciones generales que entrega la organización madre, a partir de su rol inspirador y político-estratégico. En definitiva, los ORT son una especia de “franquicias” que funcionan como grupos independientes de la CAM, lo cual ha sido explicitado por la propia organización en el comunicado de enero de 2016: “Anunciamos, además, que como Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco Malleco, daremos libertad de acción a nuestros ORT-CAM, los cuales podrán definir sus acciones de acuerdo a sus criterios, respetando nuestra ética, normas y fundamentos políticos estratégicos como organización y mapuche”.

La atomización y ausencia de un mando centralizado de las agrupaciones violentas es un importante factor a considerar ante la posibilidad de una negociación con la CAM, ya que, además de su escasa voluntad de diálogo, se debe tener en consideración que su poder en la actualidad, tanto en movilizar a comunidades como de ejecución de atentados, es bastante reducida, más bien simbólico, pues ese espacio de poder hoy lo ocupan tanto sus “franquicias” como otras agrupaciones.

En cuanto a la voluntad de diálogo, dado los objetivos políticos de la CAM, y la viabilidad de ellos, las posibilidades de que el Estado negocie con dicha organización son a lo menos limitadas, ya que la Coordinadora establece como condición que una negociación para el cese de la violencia debe discutirse sobre la base de territorio y autonomía, en otras palabras, sólo estarán dispuestos al diálogo en la medida que se pacten condiciones para la “liberación nacional”, Concretamente Héctor Llaitul ha manifestado: “Existe disposición al diálogo con el Estado, pero sobre la base una agenda relacionada con territorio y autonomía, es decir, como se restituye territorio y se otorga ciertos grados de autonomía política”.

Desde sus inicios la CAM no ha optado por la vía de la negociación, sino de la táctica terrorista, a fin de generar publicidad a su causa y forzar al Estado, y a la sociedad en su conjunto, a acceder a sus demandas, las cuales carecen de toda factibilidad desde el punto de vista de la institucionalidad, estructura del Estado, legitimidad democrática y funcionamiento de la economía; además, de la razonable duda si los postulados autonomistas son el anhelo del pueblo mapuche.

Respecto a la querella presentada por el Gobierno contra la Héctor  Llaitul y contra todos quienes resulten responsables, invocando la Ley de Seguridad del Estado, por hacer “apología o propaganda de doctrinas, sistemas o métodos que propugnen el crimen o la violencia en cualquiera de sus formas, como medios para lograr cambios o reformas políticas, económicas o sociales”, no generará un impacto en la contención de la violencia, no sólo por la naturaleza organizativa del fenómeno, sino también por la ausencia de una estrategia integral que genere respuestas en los ámbitos jurídico, político y policial.

La CAM ha perdido capacidad operativa y de liderazgo, lo que da paso a un terreno fértil para emprendimientos terroristas en tres regiones, sobre la base de los postulados ideológicos que esta organización ha diseminado durante dos décadas, adquiriendo hoy un rol inspirador para agrupaciones que están en la misma senda terrorista.

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